sábado, 12 de junio de 2010

Resultó ser que ayer, revolviendo una caja donde guardo cosas especiales, más que nada cartas de gente importante, encontré una carta tuya que me escribiste para mi cumpleaños número diecisiete. Dentro de todas las cosas que me pasaron adentro mientras la releía, reinó la confusión. ¿Cómo pude creer que lo que me decías en la carta era para siempre? ¿Será que fuiste vos la última persona que me llevó a ser una pobre ilusa?
Lo único que se es que nadie, ni siquiera aquellos hombres que me robaron el corazón y me lo destrozaron, me hizo sentir tan miserable como vos. Me usaste, me lastimaste a tu antojo, y sin piedad. Sabiendo que, justamente, el lugar que ocupabas en mi vida era único, y ahora ese lugar tan lindo no se lo voy a poder dar a nadie, porque la confianza que te tuve y que defraudaste, ya no la voy a poder tener con nadie.
Esto es lo último que te escribo, ya sin lágrimas que me acompañen, porque ya te superé, a vos y a tu traición. Este es el último tiempo de mi vida que gasto en vos.
En un mundo paralelo, vos estas muerto, o nunca naciste. En este mundo, por lo menos para mí, ESTAS IGUAL DE MUERTO.

In memorian, JAP (QEPD).

No hay comentarios:

Publicar un comentario